viernes, 25 de abril de 2008

Cantabria 2 - La casuca

Hola a todos: Susana es andaluza, de Sevilla, lo que quiere decir Simpatía. José Luis, el chófer de la guagua durante todo el recorrido, es asturiano; hombre atento y de pocas palabras nos devuelve el saludo y está pendiente siempre de la conducción y del vehículo lo que nos permite unos trayectos sin sobresaltos. Susana nos dice: "miren las vacucas están echadas; eso significa que va a llover" y yo pienso que tal y como llueve en Cantabria alguna vez atinará, digo yo. Con su comentario empiezo a oír los sufijos uca y uco que son muy usados en nombres y adjetivos por estos lares de forma cariñosa: vacuca, mozuco, tienduca, casuca, esquinuca, pochuco, felisuco...








En el hotel Marfrei nos alojamos la semana de vacaciones. Va a ser nuestra casuca. La primera impresión es de agrado pues es una construcción de piedra con vistas preciosas rodeada de otras edificaciones rurales. Cerca del hotel hay un albergue con actividades para niños y en los alrededores, paseando la primera tarde, pude hacer fotografías a unas ovejas y hasta a un caballo montado por un elegante caballero. Cuenta el hotel con plantas y flores y un espacioso aparcamiento. Por lo que pude comprobar está muy bien situado a medio camino entre Euskadi y Asturias, no lejos de la costa en el municipio de Suances, y bien comunicado para desde él hacer en tiempo corto las distintas excursiones. La primera impresión dentro de la casuca me la da un precioso objeto que creo es de porcelana: se trata de un libro sobre un atril abierto en su página central con un cordón de oro separando las páginas; éstas tienen las puntas ya manchadas de pasar tantos dedos por ellas para la lectura; las páginas visibles tienen una bonita lámina de una mujer leyendo o pensativa, y una no menos bonita poesía que copio:







Galerías del alma...
¡El alma viva!
Su clara luz risueña;
y la pequeña historia,
y la alegría de la vida nueva...


¡Ah volver a nacer, y andar camino;
ya recobrada la perdida senda!
Y volver a sentir en nuestra mano
Aquel latido de la mano buena
de nuestra madre... Y caminar en sueños

por amor de la mano que nos lleva.


En nuestras almas todo
por misteriosa mano se gobierna.
Incomprensivas, mudas,
nada sabemos de las almas nuestras.
Las más hondas palabras
del sabio nos enseñan.



Pregunto a Samuel, quien dirige la casuca, y me dice que lo que yo creía porcelana es papel trabajado amorosamente por su madre -a quien felicito por tan primosoro trabajo- y que ignora quien es el autor del poema.


Nueva sensación de bienestar me lo da el olor a madera de pino al entrar en la habitación, espaciosa, con muebles rústicos y colores amables, y situada en la planta baja junto al bar y el comedor. Ayudan a Samuel tres hermanas, Vanesa, Esther y Eva, simpáticas jóvenes atentas a nosotros en los almuerzos y cenas que hicimos en el hotel. Buscando frases o pensamientos para los blogs que pensaba escribir Eva me da uno muy simpático: "Dime con quien andas, y si está bueno me lo mandas", y además me puso una dedicatoria en un libro que compré que ya te la diré. Miguel entre fogones se ocupa de nuestra mesa.




La casuca, de dos plantas altas y una baja, tiene capacidad para unas cincuenta y cinco personas y en ella, además de lo dicho, las mujeres juegan por las noches partidas de cartas y al bingo, entreteniendo unas horas antes de ir a descansar. Por cierto que no he dicho que en el grupo tiene mayoría las féminas en una proporción de cuatro a uno, como está mandado.


Te deseo un buen día.

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