lunes, 12 de mayo de 2008

Ballet en el Pérez Galdós

Hola a todos. Pues ya me dí el gusto de ir al Teatro. Hacía años que no iba y la verdad es que con la tan cacareada remodelación tenía un gusanillo reconcomiéndome de curiosidad. El edificio por fuera, ya lo he dicho en otro blog, ha quedado bonito. No es un pegote el añadido nuevo al viejo Teatro y además los alrededores lucen despejados en un entorno que no desmerece en absoluto. Veo que además de la estatua de don Benito colocada en la rambla hay otra, imagen de un hombre de pie, dedicada al músico Saint Saenz, que da nombre al salón noble del primer piso del teatro por su vinculación con Gran Canaria. El interior del teatro es elegante. Al entrar nos encontramos en un vestíbulo que se abre en unas escaleras a ambos lados que llevan al anfiteatro, y en el centro la puerta al patio de butacas. Subimos curiosos para ver las pinturas de Néstor en el salón y las vidrieras. Ya en el patio de butacas miramos a que están arriba en lo alto del escenario, que son del mismo pintor, ya que éste colaboró en la decoración del teatro con su hermano Miguel, el arquitecto, en una de las reformas. El coliseo lleva el nombre de Galdós desde 1902, ya que anteriormente se llamaba Tirso de Molina, y las primeras obras datan de 1888 con un concierto benéfico del tenor italiano Stagno y de 1890 cuando levantó su primer telón.



No me resisto a copiar los versos satíricos de don Benito, escritos en 1881 y que he leído en mi amiga wiki, sobre la ubicación del teatro junto al mar:



El infeliz arquitecto,
sólo adornó el frontispicio
con estatuas y letreros,
que es un adorno sencillo;
más bien pronto este defecto,
simularon solícitos,
el cangrejo, la langosta
con el pulpo y el erizo.




El ballet al que fuimos a disfrutar tiene por nombre Giselle. Reconozco que es el primero al que asisto, aunque por mi juventud aun tengo tiempo para que no sea el último. Es una obra romántica con el sempiterno tema de amores y desventuras: chico -el cazador- está enamorado de chica y siente celos por un duque disfrazado de campesino; chica se enamora del campesino que la pretende sin amarla, y al ver su engaño cae en la locura y muere en brazos de su madre, al final del primer acto. A mí me agradó mucho más el primero que el segundo acto. Música festiva, bailes en fiestas campesinas de la vendimia, decorado idílico con árboles y dos casitas rústicas una a cada lado, faldas y blusas de colores suaves, movimiento, alegría... Se desarrolla la primera parte de la historia (que seguimos gracias a la sinopsis en el libreto) y bailan las campesinas, aparece el cazador y el disfrazado duque, y Gizelle entra y sale en el escenario en escenas continuas de galanteo y de celos. Se interrumpe el baile al llegar el príncipe con su hija, acompañados por su séquito, que llegan de una cacería, y luego continúa cuando éstos marchan.








En el segundo acto, la reina de las Willis evoca a su corte de fantasmas femeninos a recoger para Giselle que es su nueva compañera. La música es triste, pero la danza, en medio de un decorado de tumbas y cruces con la luna llena brillando en lo alto, es fantástica. Sale del piso del escenario como una bruma que deja entrever al falso campesino que se mueve con miedo a las luces fantasmales; y al cazador que viene a depositar flores en la tumba de su amada; y a las Willis y a Giselle en una coreografía preciosa, con vestidos blancos, que danzan moviendo sus cuerpos como flores inclinadas por el viento.


Con una representación como ésta, excelente música, magníficos solistas, precioso cuerpo de baile, todo ello del Teatro Mariinsky de San Petersburgo, no es nada raro que estemos dispuestos a repetir visita al Pérez Galdós.



Te deseo un buen día.

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